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Guille

Rise of Flight - Destrucción del tren

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13 de Octubre de 1916. 10:30 de la mañana.

 

Se nos requiere con urgencia en el puesto de operaciones. El briefing es escueto: Los vuelos de reconocimiento acaban de avistar un tren de la Entente cargado con suministros a punto de alcanzar el frente en el lado enemigo. Se nos ordena despegue inmediato y destrucción del convoy antes de que el material sea descargado.

 

Ernesto y yo corremos a nuestro aparato. No hay tiempo ni para cargar bombas, usaremos la ametralladora de nuestro nuevo Roland CIIa. Subo al asiento trasero del artillero mientras Ernesto se ajusta las gafas y el personal de tierra pone en marcha el motor. En menos de cinco minutos estamos en el aire.

 

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A los pocos minutos de vuelo un Halberstadt D.II se nos une. Distingo a Adrián a los mandos, indicándonos que lo han enviado para darnos escolta en nuestra incursión al otro lado del frente.

 

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Sobrevolamos ala con ala el infierno en la tierra mientras nos dirigimos hacia la zona del objetivo. Abajo, la artillería cae sin cesar sobre los pobres soldados que se refugian en las trincheras. Arriba, la flak antiaérea avisa de nuestra presencia.

 

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Alcanzamos el otro lado del frente y sobrevolamos una zona de fábricas enemigas. Damos un par de vueltas a su alrededor mientras anotamos su posición en el mapa. La antiaérea es cada vez más fuerte y uno de los proyectiles alcanza nuestro caza de escolta, que pierde el control y termina por estrellarse contra uno de los edificios. Ahora estamos solos.

 

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Abandonamos rápidamente el lugar y ponemos rumbo NW con la esperanza de ver el tren enemigo. Al fin, logramos avistarlo. Está a apenas un kilómetro de su destino. Es necesario destruirlo antes de que esos suministros puedan ser repartidos entre las tropas.

 

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Ernesto pica sobre los vagones y aprieta el gatillo, pero nada ocurre. En nuestro apresurado despegue el equipo de tierra a olvidado comprobar la munición de la ametralladora principal, que está totalmente descargada. El tren ya se ha detenido en su destino y el movimiento en tierra es frenético, pero no pensamos permitir que descarguen el material.

 

Nos vemos obligados a abrir fuego con las dos ametralladoras Parabellum de 7,92mm de la posición del artillero. Ernesto comienza a hacer círculos a baja velocidad alrededor del convoy mientras descargo fuego contra los vagones. De repente, uno de los coches cargados de munición estalla por los aires.

 

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Durante los próximos minutos el resto del convoy vuela por los aires. Sin duda el espeso humo que sale de los restos del tren habrá alertado a los aviones cercanos. Sin escolta, y habiendo agotado casi toda la munición del artillero somos un blanco fácil. Es hora de salir de aquí. 

 

Ponemos rumbo a casa, sobrevolamos el frente y nos pegamos al suelo tratando de evitar ser vistos.

 

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Mientras seguimos la carretera que debe de llevarnos a casa, divisamos combate aéreo a nuestras doce. Ernesto pone el motor a máxima potencia. Un caza se cruza con nosotros algo más alto, alcanzo a distinguir la bandera francesa dibujada en sus alas. Durante unos momentos pensamos que hemos logrado pasar desapercibidos, hasta que el piloto francés comienza un giro descendente para situarse a nuestras seis, sin duda atraído por el olor de una presa fácil.

 

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Preparo el último cargador en la ametralladora y aprieto el gatillo. Nuestro adversario hace lo propio. Durante los siguientes veinte segundos se produce un brutal intercambio de disparos. Las balas se cruzan con destinos contrarios y a mi alrededor trozos de madera, tela y astillas vuelan por todas partes. Algo me hiere pero debo seguir disparando, es él o nosotros.

 

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Finalmente, pocos segundos antes de la colisión, el piloto francés invierte el rumbo y se aleja de nosotros, probablemente también con daños importantes. 

 

Ernesto también ha sido herido, aunque no de gravedad y puede seguir pilotando, pero me confirma que hay una fuga de aceite en el motor. Sus gafas están totalmente impregnadas de grasa y apenas puede ver lo que tiene delante. Me asomo por encima del plano superior para tratar de indicarle el rumbo a casa. Nuestro motor Mercedes de seis cilindros ha sido gravemente dañado, pero es capaz de aguantar el tipo el tiempo suficiente para que alcancemos una pista aliada, en la que Ernesto consigue posar nuestro aparato sin apenas visibilidad.

 

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Misión cumplida.

 

 

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La verdad que tenía bastante dejado este simulador y merece volar en estos biplanos, la inmersión es total. Gracias por el debirefing Guille, muy bien relatado y es justo lo que pasó.

Enhorabuena.

Salu2 y buena caza.

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Entre la historia y las fotos.... Al final me tentareis xDDD.... Por el tiempo, que sino...

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